Abril, 2015.
Hay veces que un encuentro, un mensaje o una salida lo cambian todo. En mi caso fue una mezcla de todos, primero fue un encuentro, después un mensaje y por último la salida.
Yo era una persona que nunca arriesgaba por miedo a fallar, por miedo a que la lastimen. Tomé la excusa de un nuevo año para empezar otra vez, para darme una chance de ser quien realmente era. Y lo cumplí, porque creo en las señales y creo que las cosas pasan por una razón.
Entonces llegó el encuentro, inesperado y esperado a la vez, tan difícil de explicar. Rápido y confuso. Un instante que lo aclaró todo, sin haber pasado nada, nada importante al menos.
Ese encuentro que me hizo pensar, que me tuvo en vilo por días. Porque era una de esas veces que presentís que si arriesgas va a valer la pena.
Y semanas después llegó un mensaje, con una invitación que me produjo los nervios que pocas cosas me producían. En ese momento me dije a mi misma, que si no me arriesgaba iba a estar estancada en el mismo lugar una y otra vez, entonces salí de donde estaba y me fui, sin pensarlo.
Y la vi, y fue una de esas veces que sentís que en los ojos de alguien podes ver hasta lo más profundo de su ser, como si fuera una galaxia. Y escuché su voz otra vez, esa voz que en su momento solo era un eco, pero que ahora ocupaba un lugar importante. Y me reí, y me sentí libre de una manera extraña que nunca había sentido.
La seguí viendo, seguí hablándole de una forma que nunca le había hablado a nadie. Y debo admitir que sentí miedo, sentí miedo de dejar entrar a alguien, sentí miedo de ser débil otra vez.
Pero a fines de marzo hubo una tarde disfrazada con nubes y bicicletas, en la que un beso lo cambió todo, todo de verdad. Me sentí bien. Me sentí plena, y sobretodo feliz.
Se sumaron una tarde de árboles dibujados en una plaza, y una noche caminando de una manera en la que los demás no importaban. Hasta me acuerdo las fechas, fechas que no escribo porque no creo que sean necesarias, pero que para mi fueron importantes.
Y existió una noche en la que sentí la felicidad que no había sentido en años. Creo que cuando vez dormir a la persona que te importa, en su estado más indefenso, es cuando te das cuenta lo que sentís de verdad. Siempre lo pensé y lo voy a seguir pensando. Fue ese el momento en el que en sus brazos me sentí segura, sin ese miedo, sin todas las cosas que me preocupaban.
Con ella siento que hay cosas que valen la pena, me siento cómoda siendo quien soy. Me siento feliz, segura. Y como dijimos, no se si va a durar días, meses o años, pero se que vale la pena. Se que aunque sea difícil, se que aunque vaya a sufrir, va a ser el único sufrimiento que realmente no va a importar.
Y si por alguna razón estás leyendo esto, y estas pensando en lo sentimental y pesada que soy, sólo quiero decirte algo que no me animo a expresar con mi voz. Gracias por estar en esta conmigo, aunque sea difícil y cueste, que lindo cuando las cosas valen la pena.
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